Autores: Jesús Rincón, Javier Nebreda


Las lechadas bituminosas, en sus inicios, se utilizaron fundamentalmente para impermeabilizar pavimentos ya envejecidos o como tratamientos de sellado. Estas lechadas cumplían a la perfección la misión que se les encomendaba, se utilizaban unas granulometrías con tamaños máximos de árido inferiores a 6 mm., daban la textura suficiente para el tipo de tráfico que tenían que soportar y se extendían en una sola capa con dotaciones de 5 a 8 Kg/m². Estas dotaciones no se podían aumentar, ya que con unos áridos tan finos, si se aumentaban los espesores podía dar lugar a capas inestables, que no soportarían el tráfico existente.

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