Para la mayoría de los usuarios/ciudadanos, las carreteras son simplemente un medio para desplazarse con seguridad y rapidez. Sin embargo, detrás de cada kilómetro de carretera existe una compleja ingeniería de materiales y técnicas constructivas que condicionan directamente la experiencia del usuario. Entre esos materiales menos visibles, e incluso desconocidos, para una inmensa mayoría de usuarios, destacan las emulsiones bituminosas.

Desde el punto de vista de la experiencia del usuario de nuestra red de carreteras, lo más importante es que la carretera por la que circula sea sostenible, segura y duradera.

Aunque durante toda mi carrera profesional he estado muy vinculada a los pavimentos asfálticos en general, y a los ligantes bituminosos en particular, las emulsiones bituminosas y las técnicas de pavimentación en las que estas se emplean han merecido siempre mi interés y por ello he dedicado tiempo y esfuerzo en conocer su funcionamiento para poder valorar la conveniencia de su empleo en determinadas obras de construcción y de conservación de carreteras en un país como el nuestro que, por su climatología, siempre ha tenido una tradición emulsionera…Ahora, únicamente desde la perspectiva del usuario de las carreteras, considero que las emulsiones bituminosas desempeñan un papel esencial, especialmente en lo relativo a la seguridad y sostenibilidad de los firmes asfálticos y, prueba de ello es que, gracias a su capacidad para mejorar la adherencia entre las capas del firme , sellar fisuras y proteger el pavimento frente al envejecimiento, contribuyen a que las carreteras mantengan sus prestaciones durante más tiempo, manteniéndose el valor del patrimonio vial que suponen. 

Poniéndome la gorra de usuaria de nuestra red de carreteras y en base a mi experiencia, considero que uno de los aspectos más valorados por quienes utilizan la red viaria es la reducción de molestias durante la ejecución de las obras en carretera. Las técnicas basadas en emulsiones bituminosas, como  los tratamientos superficiales mediante riegos con gravilla o los microaglomerados en frío, permiten intervenciones más rápidas y menos invasivas. Esto se traduce en menos cortes de tráfico, menos retenciones y una vuelta más rápida a la normalidad para los conductores. Además, cada vez es más relevante el impacto ambiental de las infraestructuras tanto en la fase de construcción como durante su vida en servicio. Las emulsiones bituminosas, al aplicarse generalmente a temperatura ambiente o, en todo caso, a temperaturas más bajas que otras técnicas de pavimentación convencionales, reducen el consumo energético y las emisiones asociadas a la producción y puesta en obra de los materiales. Este aspecto cobra mayor importancia en un contexto en el que la sostenibilidad se ha convertido en un criterio clave en la gestión de las infraestructuras públicas. Prueba de ello es el impulso que desde las Administraciones de Carreteras se está dando a la ejecución de proyectos basados en firmes sostenibles que consideran, en muchos casos, el empleo de las técnicas con emulsiones como herramienta clave en la descarbonización.

Otro factor fundamental es la seguridad vial. Los tratamientos que emplean emulsiones bituminosas permiten mantener la textura superficial del pavimento y mejorar la resistencia al deslizamiento, especialmente en condiciones de lluvia. Para el usuario, esto se traduce en una conducción más segura y en una mayor confianza en la infraestructura. La reducción de la siniestralidad se logra gracias a un buen estado de conservación de nuestras carreteras, etapa en la que los tratamientos superficiales con emulsiones tienen un impacto muy positivo en la seguridad, habiéndose cuantificado en numerosas ocasiones una reducción significativa del número de accidentes por salidas de la vía, tras el empleo de soluciones de pavimentación basadas en dichos tratamientos superficiales.

No quisiera olvidarme de resaltar las técnicas de reciclado de pavimentos envejecidos que también es posible también gracias al empleo de emulsiones bituminosas ya sea a temperatura ambiente como es el caso de la reutilización en frío in situ con emulsión, o a temperaturas moderadas (por debajo de los 100º C), en el caso de la reutilización en templado. En ambos casos se pueden reutilizar los valiosos materiales que forman parte del firme envejecido y, gracias a las emulsiones bituminosas, reutilizarlos para una nueva etapa de vida en servicio, contribuyendo a la economía circular.

En definitiva, aunque el usuario medio probablemente no sea consciente de ello, las emulsiones bituminosas son una herramienta clave para garantizar carreteras más seguras, sostenibles y duraderas. Su papel en la construcción y conservación de la red viaria española resulta fundamental para optimizar los recursos públicos y minimizar las molestias al tráfico, contribuyendo así a una movilidad más eficiente y de mayor calidad para todos.

Aunque la expuesta sea una visión como usuaria “un tanto condicionada por mi experiencia profesional”, confío en que sea admitida por los lectores de este post y que ayude a consolidar los argumentos en los que creo, a favor del empleo de las emulsiones bituminosas. En un mensaje que, poco a poco va calando en toda la sociedad, gracias al esfuerzo de todos los profesionales implicados en el sector.

Para terminar, dado que una imagen vale más que mil palabras, os dejo esta a modo de resumen.

Y me gustaría añadir que el usuario de las carreteras puede estar de acuerdo con la visión expuesta si, a su vez, mantiene un compromiso con las soluciones que permitan reducir la huella de carbono de cada actuación y con la aplicación de tecnologías que permitan construir un futuro mejor, con carreteras que conecten personas, impulsen el desarrollo de territorios y transformen nuestras vidas.

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